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miércoles, 20 de julio de 2016

Abelardo, de Dillies y Hautière (Reseña)

Abelardo

La primera vez que vi este cómic en la librería me echó un poco para atrás. En primer lugar porque sus protagonistas eran animales antropomórficos, lo que no me atrae demasiado, y en segundo lugar porque el conjunto del texto y el dibujo parecía demasiado denso.
No obstante, le di una oportunidad y no puedo estar más contento. 

Abelardo es uno de los cómics más emotivos que te puedes leer en estos momentos. Un cómic que te hará reír y llorar de forma literal. Que nos habla de las cosas buenas de la vida, y también de las malas, pero, sobre todo, de que hay que perseguir los sueños, y que no hay que rendirse. Y que, quizás, la ingenuidad o la inocencia sean aspectos que no deberíamos alejar de nuestra forma de ser.

Abelardo


Todo esto lo aprenderemos a través del viaje que Abelardo, un joven que decide dejar atrás su pequeña aldea y visitar América, la tierra de las oportunidades, en busca de ese nuevo artefacto, llamado aeroplano, capaz de volar y acercarle más a las estrellas y a su querida luna. Y de paso. quizás, a su nuevo amor.
Por supuesto, en el camino se encontrará con otros personajes, unos mejores, otros peores, representantes de las distintas caras del ser humano (pese a estar representados como animales)

Abelardo, en definitiva, es un cómic que merece ser leído por toda la sabiduría que incluyen sus páginas, uno de esos cómic cuyo regusto se mantiene en tu cerebro varios días después de haberlo terminado.

2 comentarios:

Tito dijo...

Con un planteamiento inicial maravilloso y unos personajes tan carismáticos, uno nunca hubiese podido esperar un desenlace tan amargo y cargado de desesperanza, del cual solo puede extraerse una muy nefasta moraleja sobre la condición humana.

El mensaje final parece ser el siguiente: que, por muy idealista que uno sea, la vida siempre acaba destruyendo nuestras ilusiones.
Si alguien ha sido capaz de extraer otro tipo de conclusión de su lectura, por favor, le ruego que me ilustre... necesito retirar de mi mente la cruel amargura de este relato.

Ricardo Mena dijo...

Hola Tito, pues me da la sensación de que hemos entendido lo mismo. Efectivamente, un final demoledor....