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miércoles, 12 de agosto de 2009

Noticias: Sexo en su tinta


La pornografía es aburrida. Toda esa gimnasia, esas posturas repetidas una tras otra en un orden casi sindical: felación, cuatro patas, sodomía, doble penetración y, tras un grito de alivio, una eyaculación facial... Sin ofender al dios Eros, el sexo es algo más que un buen polvo. Más de 30 años después de la muerte de Franco y de su moral nacionalcatólica, 40 años después del año erótico de 1969, la pornografía ya no es tabú. Los anuncios de prostitución en España no sorprenden a nadie, pero ¿dónde está el deseo?

Con lo que las películas porno han perdido la sensualidad, el amor se llenan las viñetas de los cómics. Las editoriales apuestan de nuevo por el erotismo: La Cúpula ha publicado este año la segunda edición de Primeras Veces; Norma presentó el mes pasado la edición integral de Valentina, de Guido Crepax, uno de los maestros del cómic erótico; los dos tomos de Fresa y chocolate son uno de los mayores éxitos de venta del año pasado de Ponent Mon. En Francia, la revista Pilote referencia de la bande dessinée dedica este mes un número especial al aniversario del año erótico, y la editorial Delcourt presentará en septiembre la colección Erotix. Este verano se anuncia sensual.

1969 fue un año clave: es la fecha de nacimiento del cómic para adultos

El director editorial de Drugstore, la rama adulta de Glénat, Benoît Cousin, considera que ahora es el mejor momento para publicar historias eróticas. "Con la democratización de las buenas costumbres, el erotismo está por todas partes: hasta las series de televisión se atreven a más.

El contexto cultural actual lo permite y el cómic tiene que explotar este sector", explica el editor francés a punto de sacar una reedición de las obras del italiano Milo Manara, incontestable maestro del cómic erótico.

Una burguesa adicta al sexo

Manara osó. En El Clic, la burguesa y guapísima señora Christiani se convierte en una adicta al sexo; su libido obedece a un control remoto. Corrían los años ochenta y la obra fue una bomba social: ilustró explícitamente la liberación sexual de la mujer, aunque hasta hace poco, el cómic para adultos no andaba con buena salud. Es más, estaba pasado de moda y el porno era la estrella. "Hace cinco años, interesaba más el porno que las historias eróticas, pero ahora el porno está en Internet", explica Ricardo Esteban, fundador de Dibbuks y editor de la Colección Propia de Planeta de Agostini.

Aún se oye la voz de Jane Birkin con su acento inglés cantando en los años setenta los versos de Serge Gainsbourg: "69, année érotique". Para la bande dessinée francesa y los fumetti italianos, fue la fecha clave. "Era la hermana pequeña de Mayo del 68: por fin llegaba el cómic adulto, erótico", recuerda Gisèle de Haan, de Pilote. Oculta en los quioscos, como si fuera un objeto prohibido, la Barbarella de Jean-Claude Forest era hasta entonces la única protagonista erótica en el mercado. Imagínese a Xena, la princesa guerrera, mostrando sus pechos.

Relájate y disfruta

Dice la Real Academia que la obscenidad es "impúdica", "ofende al pudor", aunque la etimología latina de la palabra recuerda que sólo se trata de lo que "se oculta a la mirada". Hay que relajarse: lo dice Luis Royo en Prohibited Book (Norma). "Busquemos un rincón tranquilo, un silloncito confortable y blando, también sirve una cama con sábanas llenas de pliegues y abramos este libro...", aconseja el dibujante español en la portada de su obra.

Sandra Uve, autora Los Juncos (Astiberri) y antigua directora de películas porno, señala la principal virtud del cómic: "Se regodea en el arte del erotismo porque deja volar la imaginación en dosis más elevadas que el resto de los soportes". En Valentina y Emmanuelle, ninfas de los años setenta, el italiano Guido Crepax no desvela nada. El dibujo es tan sutil como la sensualidad de sus protagonistas. Mientras su novio intenta quitarle el liguero, Valentina indolente, tumbada en la cama medio desnuda piensa en cómo resolver un caso criminal.

Para Sibylline, la autora de 'Primeras Veces', lo más importante es excitar al lector

El cómic fue la base del trabajo de películas inspiradas de las viñetas, como Historia de O, dibujada por Crepax y adaptada al cine por Justin Jaeckin.

Mientras Luis Berlanga triunfaba con Tamaño Natural (1973), Federico Fellini ponía a Donald Sutherland en la piel de Casanova (1976). Hasta que llegaron en los noventa los porno star con sus limusinas y sus enormes miembros. "Y entonces se acabó con los trajes, con los decorados, con el interés por la historia", lamenta Vincent Berrière, de Delcourt, quien fue testigo de la crisis que sufrió el cómic erótico. Pero en realidad el problema, apunta Thomas Ragon, de Dargaud, el editor de Lucky Luke, "es que es muy difícil representar el erotismo en un cómic; siempre son historias porno".

El eterno debate

¿Dónde está la frontera entre lo erótico y lo pornográfico? La respuesta suele ser repetirse: si se muestra una penetración, porno. Si fuera así, las obras de Manuel Carot (Barcelona, 1976), alias Man, deberían venderse en un sexshop. En Universitarias, que narra la vida de Alicia y Sonia traumatizadas porque no saben elegir con qué chico acostarse y lo hacen con todos, los diálogos se centran en "¡Uf! ¡Uf!", "¡Oh, sí!", "Tómala toda...". El lector es un voyeur que sólo mira las imágenes y, sobre todo, los detalles de cada acto sexual. El autor es honesto: reconoce que hace porno, aunque su editor, Emilio Bernárdez de La Cúpula, considere que Universitarias es un cómic "erótico pero explícito".

"Se puede excitar sin representar de manera fiel la anatomía", opina un editor francés

Para no caer en esta trampa, en este eterno debate, el francés Ragon defiende la decisión de su editorial de no publicar nada: "Es fácil tender hacia el porno. Lo que nos interesa es publicar buenas historias. El erotismo está bien, pero no recibimos muchos proyectos". Y osa: "Manara, por ejemplo, está bien una vez, pero después sólo miramos las imágenes y ya no excita". Si bien el maestro italiano dibujó en la versión original de El Clic a su protagonista chupándosela a un niño, sus obras siempre siguieron una narración sólida y respetaron la palabra clave: la sensualidad.

Uno de los mayores éxitos de La Cúpula ha sido Primeras Veces, publicado en 2008 y reeditado este año, no se vende empaquetado y en esquinas oscuras de las librerías, sino en las estanterías más visibles. Sibylline (París, 1978), la autora de estas diez historias tan cortas como ardientes confiesa sin problema que su principal fuente de inspiración fue www.youporn.com: "¡He visto en este portal tantas películas! Quería entender lo que interesaba en el sexo, lo que la gente veía y consideraba transgresor. También me intrigaba lo que lo que nunca podría hacer: ¡Menuda hazaña deportiva es la doble penetración!". Volvemos a aquella gimnasia sindical y aburrida.

"Ahí está el matiz", apunta Berrière, de la editorial Delcourt. "Lo que nos diferencia del porno es que contamos una historia, con decorados. No hay nada más erótico que todo lo que rodea y prepara el acto sexual", dice. "El cómic erótico enriquece nuestra biblioteca mental de imágenes, sueños y fantasías eróticas", añade Sandra Uve. En su obra, Sibylline habla de todo con pechos y sexos sin hojas de parra, y con naturalidad: los juegos sexuales, la bisexualidad, el sexshop, la sodomía, la virginidad.

"Me alegra saber que la gente se toca con mis historias"

La autora francesa, que colaboró con Brigitte Lahaie símbolo del cine erótico y porno antes de trabajar como secretaria en la editorial Delcourt, quería hablar en este libro de "la sexualidad fracasada, de la sexualidad que hombres y mujeres aprenden en las películas y no comparten nada". Si se sigue el consejo de Luis Royo, resulta muy sensual sentarse un momento y leer las páginas de Primeras Veces. "Una pareja me dijo un día: Gracias, pasamos un buen rato con tu libro. Me alegra saber que la gente se toca cuando lee mis historias. ¡Es una buena noticia!", lanza Sibylline.

Entre los enormes pechos de Barbarella, la sensualidad de Valentina y las aventuras sexuales de Sibylline, el punto en común es el deseo, la imaginación. Cuando dibuja sus mujeres medio desnudas, Luis Royo nunca olvida que "el erotismo es uno de los mundos más cargados de sueños". "En la ilustración y el cómic aparece la magia de lo que estás viendo, no pertenece a una imagen real, sino que está filtrado por la fantasía del autor", apunta el artista. De ahí su conclusión: "La frontera entre lo erótico y lo pornográfico no está en lo que se representa en concreto, sino en la forma de hacerlo". El cómic también es erótico porque es estético, artístico. En Las 110 píldoras, el italiano Magnus dibuja sin concesiones penetraciones, sexos masculinos en erección y miradas excitadas de mujeres. Se inspiró en una leyenda china del siglo XVI, el dibujo es de líneas claras, en blanco y negro; el decorado lo es todo.

El regreso de la sensualidad

Para la preparación del número de Pilote sobre el erotismo, el planteamiento de Gisèle de Haan fue sencillo: ¿Interesa todavía el sexo a los autores de cómic? Los grandes nombres de la bande dessinée respondieron a su llamada para dibujar historietas sensuales. Como reconoce el editor francés Benoît Cousin a este periódico:"El deseo es una apuesta segura". También De Haan confirma que "la intimidad vuelve". Bienvenida sea.

Para la editora francesa con el paréntesis de los años noventa en el género erótico, llegaron autores como David B. o Marjane Satrapi, que en cierto modo terminaría aportando algo a un género que no tocan. Es el caso de Fresa y chocolate, publicado por una desconocida editorial en Francia y por Ponent Mon en España, en el que se habla de las aventuras amorosas y sexuales de Aurelia Aurita. Narra y dibuja su vida en primera persona, con viñetas de lo más explícito, pero donde los genitales apenas se insinúan con un trazo de línea.

Límites legales

Tanto Sandra Uve como el editor Thomas Ragon confiesan que el trabajo de Aurita "no les pone" porque "no excita". Cuestión de gusto. El objetivo del erotismo es precisamente excitar, recuerda Sibylline. Para el editor de Glénat, Benoît Cousin, son obras como Fresa y chocolate las que permiten la vuelta al erotismo en la literatura del cómic.

Para probar el fruto prohibido, la imaginación es el único límite. Y lo que establece la ley, claro. Los editores no publicarán nada, nunca, ninguna historia sobre de pedofilia. Aunque dependa del punto del vista; los japoneses se atreven con todo: lolitas, bebes, animales con tantáculos. En España, ya sea erótico o pornográfico, librerías seguirán con los valores seguros. Planeta de Agostini publicará en octubre el integral de Lorna, de Alfonso Azpiri. En cuanto a Man, presentará antes de fin de año dos nuevos libros. Sólo porno. A fin de cuentas, hay que dejar de leer. "El sexo no tiene muchos secretos. Es un buen deporte. El mejor", apunta Sandra Uve.


Fuente: Público

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