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miércoles, 18 de febrero de 2009

Firmas Invitadas: Mauro Entrialgo

Cómo tratar mal a un autor de historietas en una invitación a cualquier actividad pública.


Hoy en día, cualquier aficionado es capaz de organizar un salón, unas jornadas o unas simples charlas relacionadas con los cómics que resulten algo incómodas para sus participantes. Sin embargo, el arte de tratar verdaderamente mal a los invitados requiere experiencia y conocimientos previos. Estas líneas de redacción apresurada, agrupadas de forma tématica, constituyen sólo unas ideas que os pueden ayudar a introduciros en esta noble afición que es el maltrato de autores de tebeos invitados a cualquier actividad de este tipo. Pero recordad que existen muchos otros métodos conocidos para hacerles sentir mal y que, a poco que os lo propongáis, incluso podéis crear los vuestros propios: ¡sólo es cuestión de imaginación!

-Traslado: Se trata de retrasar por cualquier excusa administrativa o burocrática -pedir por mail quince veces el número del DNI o el segundo apellido es una buena idea- el envío de los billetes del transporte prometido hasta el último momento. Entonces, se le convence al autor, que ya ha sido anunciado y quedará muy mal ante los aficionados si se echa atrás, para que los compre él mismo adelantando su coste. Después es muy fácil no devolverle el dinero haciendo como que se nos ha olvidado y no responder jamás a sus llamadas y mails.

-Remuneración: Lo lógico es intentar no pagarle un duro describiéndole su colaboración como una oportunidad de promoción o diversión única, pero en caso de que este truco no cuele, se deben poner todo tipo de problemas para retrasar el pago de la cantidad acordada o incluso justificar el impago. Por ejemplo: se solicita un documento del banco que acredite que el número de cuenta facilitado dos meses antes pertenece de verdad al autor o una fotocopia del DNI o una de la cartilla del banco. O las tres cosas, pero pedidas no todas a la vez y exigiendo que se envíe cada una por fax o en correo certificado o por el sistema que suponga más trámites y molestias. Incluso en el caso de que alguien consiga cumplir los requisitos solicitados, siempre podemos mentir, cuando seis meses después el autor se atreva a pedirnos el dinero que le prometimos, asegurando que nunca recibimos su factura y rogarle que la envíe de nuevo, no sin antes indicarle que no es seguro que el pago pueda entrar ya en los presupuestos del año en curso.

-Acompañamiento y guía: En los extremos está la perfección. Una vez llegue a la ciudad, se puede no tener ningún contacto con el invitado de ningún tipo incluso sin cogerle nunca el teléfono hasta cinco minutos antes de la actividad de forma que llegue a dudar si de verdad ha acudido a la población adecuada o se puede ir a recogerle a la estación de autobuses y no dejarle en paz ni para cagar durante toda su estancia obligándole a acudir a visitas a políticos del pueblo, citándole sin previo acuerdo con periodistas locales muy pesados a primera hora de la mañana, agasajándole con una comilona de un alimento del que sea alérgico o poniéndole, en general, en incómodos compromisos de los que no pueda salir sin poner en riesgo su reputación de persona amable.

-Promoción: Lo mejor es no dar publicidad alguna al acto en cuestión, pero otra buena opción es producir folletos y notas de prensa reproduciendo material gráfico obra del invitado sin permiso alguno, a poder ser retocado, descontextualizado y añadiendo en tipografía comicsans diversos datos no contrastados con el autor repletos de imprecisiones y errores de bulto. Por supuesto, éste no debe enterarse de la existencia de estos cutres impresos y notas de prensa hasta que estén distribuidos y reproducidos en medios de comunicación.

-Estancia: Incumplir el tipo de estancia prometida es sencillo y efectivo. Por ejemplo: se promete un hotel de cuatro estrellas y se adjudica una residencia de estudiantes en la cual despiertan a todo el mundo a las nueve de la mañana para echarles a la calle a las diez. Otro ejemplo: se le presenta como normal el hecho de que tenga que compartir habitación con otro invitado. De cualquier manera, si el autor protesta queda como un pijo y un tiquismiquis. Si se da la circunstancia de que algún día el autor haya dormido con su pareja habitual o ligue ocasional, un detalle de muy buen gusto es que la organización intente cobrarle la mitad del coste de la habitación. En este caso conviene intentar hacerle sentir culpable como si fuera un crío al que se le hubiera pillado robando en el Corte Inglés.

+ info: Mauroentrialgo.com

2 comentarios:

Luis Olmedo dijo...

Si no fuera porque es cierto, me ha recordado todo el rato al libro "Como convertirse en un Hijo de Puta" de Herminio Bolaextra.

FÉLIX PUMARES dijo...

No es que quiera llamarte mentiroso, Mauro, pero no me lo creo. Esas cosas no pasan.